Pues elijo este nombre para el blog por lo que representa. Esa línea que te une, que te conecta con tus sueños, tus inquietudes, tus miedos, tu libertad. Que si caes por la borda, te pueda permitir volver a subir y seguir, seguir tu rumbo hacia tu destino.


viernes, 8 de febrero de 2008

Travesia con temporal

Travesía Alicante - Caleta de Vélez, en Málaga.


Zarpamos el viernes 8 de febrero de este año, a las 6 de la mañana, iniciamos la travesía entre Alicante y la Caleta de Vélez, en Málaga, en un Bavaria 40', muy bien preparado, con todos los accesorios necesarios de seguridad a bordo, tanto generales como personales.

Después de valorar el parte ( con aviso nr. 49 de temporal con f7-f8 en el Cabo de Palos hacia Gata, que acabó convirtiéndose en aviso 50 Gata, Estrecho), decidimos salir puesto que el temporal era de popa, y pusimos la medidas de seguridad oportunas. Tripulación con chaleco arnés y línea de vida, tanto de noche como de día, para asegurar cualquier movimiento en cubierta.

La travesía en un principio la queríamos hacer de tirón, siempre que el tiempo nos lo permitiera, pero al final decidimos hacerla en dos singladuras descansando una noche en puerto.

La primera singladura fue Alicante-Garrucha. El estado de la mar era m
arejada a fuerte marejada, creciendo a mar gruesa hacia la tarde/noche, pero no teníamos viento, así que imaginaos todo el día a motor y la danza de la ola. La primera mitad de la singladura fue muy amena, charlando y dejando que el piloto trabajase, y así nos colocamos en Palos para el mediodía.

Nuestro armador se marcó entonces unos espaguetis voladores
deliciosos, y como somos tan generosos, nos comimos la mitad y la otra se la comieron los peces. En esa primera comida ya se dio cuenta el armador-cocinero de que somos de buen comer y que no le íbamos a salir a cuenta en víveres, puesto que es nuestro lema que aunque haya un huracán, en travesías largas hay que alimentarse bien para mantener las fuerzas. Y aunque cocinar en ciertas condiciones es duro, una buena cocina con su kardan en condiciones hace posible cumplir este requisito imprescindible.

Por la tarde cuando ya teníamos a Cartagena por nuestra aleta de estribor, tuvimos el primer avistamiento; unos preciosos calderones que nos sacaron de la monotonía (o sea del sopor de la siesta), y nos hicieron disfrutar unos minutos hasta que decidieron variar su rumbo. Al cabo de un par de horas mas o menos, nos vinieron a saludar una familia de delfines mulares, muy simpáticos ellos, anunciándonos el atardecer, muy bello, un atardecer rosado que ya presagiaba lo que nos íbamos a encontrar al día siguiente.

Nos reunimos en la bañera para decidir qué hacer, si continuar y pasar Gata de noche, o nos refugiábamos y descansábamos unas horas y lo pasábamos de día. Repasando la lista de puertos que siempre teníamos a mano, decidimos ir hasta Garrucha, que era la mejor opción debida a nuestra posición, ya que para Águilas nos atravesábamos a la mar. Así que arrumbamos hacia Garrucha llegando hacia las 01:00 horas del sábado 9 de febrero abarloándonos a la gasolinera. Pusimos nuestros despertadores a las 05:45 A.M. para salir hacia las 06:00 horas, hora la que nos vino a visitar un agente de la guardia civil, que nos tomó muy amablemente los datos.

Nos despedimos de él y nos hicimos de nuevo a la mar. El día era precioso, pero la mar ya estaba formada en gruesa, y el viento se levantó con unos 25kn. Elegimos una configuración de vela a la francesa, o sea sólo génova algo enrollada, ya que tanto la mar como el viento nos venían de aleta. Conforme nos acercamos a Gata la mar aumentaba y el viento arreciaba, pasando el Cabo con olas de 4 metros y rachas de 43kn.

La tripulación, lejos de inquietarse disfrutaba del espectáculo, que fue la tónica de esa singladura. La mar se volvió blanca. Era curioso ver cómo las rachas de viento lanzaba un agua que nos adelantaba; las paredes de agua se acercaban a nuestra popa a una velocidad escalofriante. El Dudum negociaba las olas con una maestría impresionante, siempre gobernado por el piloto automático. Las puntas de rachas estaban en f9 y la mar en muy gruesa. A bordo se respiraba tranquilidad y mucha relajación, algo que nos sorprendió a los tres. Lo tranquilos que e
stábamos nos permitía a la par de intentar arreglar el mundo, calcular simultáneamente la altura de las olas tomando como referencia nuestro palo… “¡hostia esa es más alta que nuestra primera cruceta!”… siempre se dice que si vas en un barco pequeño, la altura de la ola hay que dividirla por dos, y si vas en un barco grande se multiplica por la misma cantidad. Por eso intentamos ser lo mas realistas posibles con la altura de las olas, llegando al acuerdo de que la mas alta tendría entre 4 y 5 metros.

Pasamos Gata sin ningún contratiempo refugiándonos un poquito en el Golfo de Almería. La verdad es que nos daba igual seguir con un rumbo mas abierto que metiéndonos en el Golfo, pero lo cierto es que los Cabos nos hicieron que por lo menos durante un par de horas la navegación fuera más cómoda.


Una vez cruzado el Golfo, nos abrimos a la mar para dar resguardo a una barra de arena que hay balizada, Barra de Luis de la Oliva o algo así se llama. Ya abiertos de nuevo a la mar, nos encontramos de nuevocon nuestras amigas las olas inmensas y con rachas de 45kn. Como bien sabéis cuando se monta temporal de levante, los vientos más fuertes siempre están en el centro del estrecho, así que buscábamos una posición relativamente segura ni muy cerca de la costa ni muy cerca del centro del Mar de Alborán.

Ese día nuestro armador preparo un revuelto de huevo con verdura a la plancha para su tripulación-piraña, siendo una experiencia muy interesante comer mientras surfeas a 12kn, aunque según pudimos comprobar, es más interesante hacer la comida.

Cuando entramos en aguas de Granada la mar estaba completamente b
lanca; la alarma de profundidad saltaba cada 2 minutos por culpa de la espuma de las olas, que hacía que la sonda se equivocara y creyera que estábamos a muy poca profundidad. Hay que decir que las olas ya rompían, que eran piramidales y el ruido impresionante; lejos de asustarnos, pusimos música y nos relajamos y nos dispusimos a disfrutar de esa tarde preciosa, porque la mar brava también es una mar bella…. A la fiesta se unió una familia de delfines que escuchó la música y vino a visitarnos, eran unos 30, algunos ejemplares muy grandes que estuvieron un rato con nosotros y se alejaron por la amura de babor.

La noche nos cayó encima, y si por el día era impresionante navegar en esas condiciones, la noche multiplicaba por dos las sensaciones… por la banda de estribor teníamos tierra, con sus luces (nos acercábamos a nuestro destino), cuando las olas grandes pasaban entre el barco y la tierra, las sombras que hacían eran como unas formas furtivas que parecían lobos al acecho de su presa, como si nos rodearan. No veíamos las olas venir, sólo las escuchábamos… entonces llegó, de noche, la gran surfeada, de 14kn, una gran ola nos llevó durante unos segundos a esa velocidad… los tres, cada uno ocupado en alguna tarea, sentimos la aceleración y rápidamente quisimos ver la velocidad en corredera y gps, puff 14kn!!! Impresionante.. a partir de ahí, noche cerrada, ya lo que restaba era encontrar el puerto de Caleta de Vélez Málaga, que pudimos identificar a menos de una milla de distancia.

Llegamos a puerto a las tres de la mañana, teniendo como comitiva de recepción a la guardia civil, que llevaban controlando nuestra derrota desde hacia unas 12 horas por radar, intrigados en saber quiénes eran esos que navegaban en esas condiciones. Después de que nos registraran el barco sin mucho detalle, y de tomar los datos y comprobar que estaba todo en orden, nos pusimos a charlar y nos dijeron que tenían mucha curiosidad por nosotros, porque según ellos había que ser muy valientes para navegar con esas condiciones. La otra opción es que fuéramos traficantes, aunque intuimos que lo que realmente querían decir era que había que ser unos gilipollas para navegar en esas condiciones.

Pero la realidad es que nuestra travesía se hizo desde la prudencia y el control, salimos porque teníamos el mar y el viento en popa, confiábamos al 100% en nuestro barco y en su tripulación, en sus medidas de seguridad, y desde el principio respetamos todas las normas y siempre teníamos una opción de refugio cerca. Todos los movimientos en el barco eran pensados antes de hacerlos; cualquier maniobra siempre se repasaba antes de ejecutarla, con el personal siempre atado a su línea de vida, nunca se salía a cubierta sin el equipo de protección personal, y siempre ajustando las velas (en este caso la vela porque solo navegábamos con génova) al viento que reinara en cada momento.

Sin perezas, se trabajaba cuando había que trabajar. Con todas estas normas, conseguimos hacer que una travesía con temporal se convirtiera en un paseo.

Ya sé que no eran olas de 30 metros ni vientos de 80kn, pero 45kn de viento y olas de hasta 5 metros, son argumentos más que suficientes para que extrememos las medidas de seguridad.